¿Un segundo terremoto?

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Cuando hace pocos meses dijimos que este iba a ser un año difícil, ni el más pesimista de los ecuatorianos podría haber pensado que a la lista de problemas o peligros que nos acechan se iba a sumar el peor desastre natural en casi siete décadas, afectando a una gran parte del Litoral, especialmente a las ciudades de Portoviejo, Manta y Pedernales, estas dos últimas, pilares de la producción y exportación atunera y camaronera.

Si las predicciones del FMI eran para el Ecuador de un decrecimiento del 4,5%, sin terremoto, falta esperar cuántos puntos más podría incrementarse, sobre todo en las zonas afectadas por la severa contracción que tendrá el sector turismo. La reconstrucción de las zonas afectadas ha sido estimada por el Gobierno “al ojo” (pues no se ha mostrado el más somero detalle) en $ 3.000 millones.

La solidaridad del pueblo ecuatoriano ha quedado una vez más demostrada con la entrega de toda clase de víveres, medicinas e insumos para la emergencia. La reacción desde todos los sectores de la sociedad civil ha sido inmejorable, así como de parte de la gran mayoría de las entidades públicas, superando algunas circunstancias de descoordinación propias de nuestra falta de preparación para afrontar esta clase de catástrofes, a pesar de que desde hace algunos años se cuenta con una Secretaría especializada para afrontarlas. (Hacemos aquí un paréntesis para felicitar a la  viceministra de Acuacultura y Pesca, abogada Pilar Proaño Villarreal, por la extraordinaria labor realizada durante estas semanas, atendiendo a decenas de pequeñas poblaciones costeras desde su base en el puerto pesquero artesanal de Jaramijó).

Más allá de la pérdida de vidas humanas, de la destrucción de miles de viviendas y edificios, caminos y carreteras, así como de la mayor parte de la infraestructura hotelera de la zona, lo que más preocupa ahora al sector productivo es la forma en que el Gobierno intenta generar el dinero necesario para la reconstrucción, a través de un nuevo “paquetazo”, aumentando los impuestos al valor agregado, a la renta, al patrimonio y por último imponiéndole a la clase media el aporte de un día de sueldo hasta por cinco meses, porque la solidaridad también hay que “normarla”. Y todo esto sin contar con la renovación de las salvaguardias arancelarias por un año adicional que acaba de resolver el Comex, cuando ya había sido anunciada su desmantelamiento para los meses de abril, mayo y junio de este año.

Habría sido este el escenario perfecto para enmendar el rumbo abriendo en serio la inversión, eliminando por un determinado número de años el impuesto a la renta a todos los negocios nuevos o que se reconstruyan, reduciendo drásticamente el IVA, eliminando el ISD, vendiendo activos, etc. Pero al cabo de nueve años, y ante la peor circunstancia de este largo periodo se sigue privilegiando a lo dogmático sobre lo práctico, y a los intereses políticos por encima del bienestar del pueblo.

Desde esta tribuna del sector pesquero nos unimos al profundo dolor de nuestros hermanos de las provincias de Manabí y Esmeraldas y ofrecemos todo nuestro apoyo material y moral posible en estos trágicos momentos, haciendo votos porque la voluntad, la perseverancia y la fe puedan levantar de las cenizas a este noble pueblo de la Costa ecuatoriana, a pesar del segundo terremoto de impuestos, que a diferencia del anterior, este sí lo vemos venir.

Fuente: Ecuador Pesquero #76

Abg. Rafael Trujillo B.

DIRECTOR EJECUTIVO DE LA CÁMARA NACIONAL DE PESQUERÍA

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